Profesora titular del
Departamento de Sociología y Antropología Social de la Universitat de València
Informe
sociológico sobre los efectos de la implantación del ‘Plan de Protección de
El Cabanyal-Canyamelar’ aprobado por el Gobierno Municipal de Valencia.
1. En principio, la realización
de este proyecto supondrá la desaparición
de buena parte del tejido social del barrio. Más de 1.700 viviendas serán
demolidas, en una zona central que se organiza alrededor de algunos edificios
emblemáticos, como la Lonja del Pescado, y otros en los que se realizan
actividades culturales, como el teatro La Estrella. Esta parte del
Cabanyal-Canyamelar destinada a desaparecer está constituida por una serie de
calles, muchas de las cuales son peatonales, y por pequeñas plazas.
A corto plazo es fácil prever
que la destrucción de viviendas y el desplazamiento de población que acarrearía
la prolongación de la Avda. Blasco Ibáñez tendrá una serie de consecuencias
inmediatas para los afectados de forma más directa.
Por un lado, si las
expropiaciones se efectúan según las condiciones propuestas hasta ahora por la
alcaldía, los vecinos no podrán ser
realojados de nuevo en su barrio, dada la posición económica de la mayoría
de los habitantes de la zona, y ya que las indemnizaciones están por debajo del
precio de mercado de la vivienda (un 50% aproximadamente). Buena parte de los
expropiados, quienes se hallen en una peor situación económica -ancianos,
colectivos desfavorecidos, mujeres, etc.-, se verán obligados, pues, a
abandonar el barrio y reinstalarse en otro lugar.
El
efecto social previsible de inmediato es el desarraigo.
Determinadas actitudes y valores sociales están vinculados al entorno personal
concreto. La sociabilidad se origina siempre en el contacto con quienes son
considerados prójimos. Si los seres humanos son obligados por las
circunstancias a renunciar a sus relaciones de proximidad, el conjunto de sus
creencias y principios morales se fragiliza y esta desarticulación puede
expresarse como agresividad o depresividad -según las condiciones y rasgos de
los individuos-. En cualquier caso, es indudable que un desplazamiento no
deseado, como el que se da en algunos fenómenos migratorios, impide o dificulta
la integración, destruye la memoria personal y la historia colectiva. Es un
trauma social doloroso siempre e inasimilable para algunos, como los más
ancianos.
Ahora bien, los colectivos peor
situados en la escala social pueden verse marginalizados como consecuencia de
los cambios previsibles. La presión inmobiliaria, en especial por el aumento de
los precios del suelo, hará que algunos abandonen sus viviendas. Los que
permanezcan verán empeorar su posición social relativa por el efecto
desplazamiento hacia arriba de la situación en el barrio. Es posible que
algunos de estos grupos resistan localizados en lo que podríamos llamar guettos
internos. Este fenómeno de
desclasamiento influirá en la totalidad del barrio, puesto que alterará el
equilibrio con que funcionaba hasta ahora.
3. La forma en la que la
municipalidad pretende llevar adelante el proyecto también tendrá
consecuencias. Puede decirse que existen dos modos de acometer la remodelación
total o parcial de una ciudad. Una de ellas, la mecánica, suele estar a cargo
en exclusiva de los técnicos y se traduce en intervenciones que responden a un
modelo de trazado tecnológico. Otra forma de abordar la mejora de espacios
urbanos previamente habitados es la orgánica o evolutiva. En este caso, se
trata más bien de restaurarlos mediante la reflexión y colaboración de las
partes implicadas. Se han realizado ya algunas
de estas experiencias en el diseño de planes de ordenación con la participación
de los ciudadanos protagonistas y la ayuda de los expertos,. Esta última forma
de proceder facilita la concepción dialogada del objetivo propuesto.
Si la población participa en el proceso desde el momento inicial, se compromete
con el proyecto y su consecución. No es esto lo que está ocurriendo en el
Cabanyal-Canyamelar.
El conjunto de El Cabanyal-Canyamelar fue declarado
Bien de Interés Cultural por el Gobierno Valenciano con fecha 3.5.1993. Las
alternativas para reformarlo fueron sometidas a un procedimiento de consulta
entre los ciudadanos por iniciativa del Ayuntamiento. Sin embargo, como hemos señalado,
los resultados (sólo 19 de casi 8000 personas eligieron el plan del
Ayuntamiento) han sido desoídos por las propias autoridades.
Existe un fuerte enfrentamiento
entre un número importante de los residentes (la parte más visible es la
organizada en la Plataforma Salvem el Cabanyal-Canyamelar) y los representantes
municipales. Es, pues, previsible que la realización del proyecto defendido por
la alcaldía sólo pueda hacerse con un importante coste social. En primer
lugar, esta actuación está ocasionando que la conflictividad se extienda hacia
dentro del barrio. El conflicto se amplificará en la medida en que encuentre
eco en otras partes sensibles de la opinión pública. Un desarrollo de este
tipo hace prever un endurecimiento de las posiciones enfrentadas. Por otro lado,
y dada la forma con la que se desenvuelve el proceso desde el origen,
es de esperar que todo esto merme la confianza de la ciudadanía en las
instituciones.
Las zonas residenciales, en
especial aquellas históricas, con una entidad singular y de conjunto, cuando se
tornan más accesibles suelen ver cómo
se diluye bruscamente su particularidad. La destrucción de la trama actual
y su sustitución por otra más penetrable por los automóviles, la instalación
en las nuevas construcciones de otro tipo de habitantes -que se desplazan a
motor y que condicionan su alojamiento a este tipo de necesidades- producirá
transformaciones importantes en la composición del barrio. El perfil del
ciudadano que reside sólo donde puede encontrar fácil aparcamiento para su
coche, y que espera recuperar el tiempo que emplea en sus desplazamientos con la
velocidad, suele ser el típico de los habitantes de las llamadas
ciudad-dormitorio. Este modelo de relación con el entorno es el opuesto al que
hoy todavía caracteriza algunos paisajes urbanos como el del
Cabanyal-Canyamelar.
El aumento del flujo de automóviles
y de este nuevo tipo de residentes es de esperar que no sólo desplazará a
quienes prefieren la forma de vida actual sino que alterará la complejidad del
tejido social del barrio. Esta transformación, como ya se ha probado en otros
lugares, es más destructiva que constructiva, puesto que
simplifica y homogeneiza las tramas de relaciones vecinales. Esta
desestructuración es en especial más grave cuando opera en lugares de una
tipología como la del que nos ocupa. Las buenas relaciones no surgen de
improviso, se sustentan en la memoria compartida. Las redes de intercambios no
monetarizados de lo que llamamos relaciones vecinales es difícil que sobrevivan
donde abunda la compra-venta de servicios. El tipo de habitante que ocupará las
nuevas casas es con toda probabilidad, como la mayor parte de los ciudadanos ‘estandarizados’,
más usuario que vecino.
5. Contra la opinión
mayoritaria en otros tiempos hoy se va abriendo paso, tanto entre los expertos
como entre la población en general, una valoración más crítica acerca de la
contribución del automóvil a la calidad de la vida. Para muchos, el
desplazamiento cotidiano mediante el vehículo privado es cada vez más una
obligación impuesta, entre otras causas, por las formas de vida urbana. Es cada
día más evidente para todos que, cuando sobrepasa cierto nivel,
el tráfico no sólo no contribuye a acercar las relaciones sino que las aleja.
Cuando la gente se ve forzada a utilizar buena parte de su tiempo en viajar para
realizar sus actividades diarias, como trabajar o comprar, los intercambios
amistosos se resienten.
Donde abundan las autopistas y
las grandes vías para automóviles suele ser donde más dificultades encuentran
los ciudadanos para establecer contactos personales. Las posibilidades de
mantener relaciones con el entorno próximo disminuyen en calidad y cantidad a
medida que aumenta la circulación de los vehículos. Este fenómeno es fácilmente
perceptible, por ejemplo, en las poblaciones modificadas por el trazado de algún
gran vial. No sólo se ven separadas entre sí las gentes que antes habitaban el
lugar sino que la totalidad del barrio o pueblo se encuentra a menudo ante una
barrera difícil de traspasar. Este tipo de obras suelen terminar por separar o dividir, real y simbólicamente,
el espacio transitable. El uso masivo del automóvil separa la vida diaria
en compartimentos, segregando los lugares de trabajo, los de compra y los de
residencia.
6. El uso del vehículo privado
como medio de transporte en los núcleos urbanos es cada vez más insostenible.
El coste parece menor porque en su mayor parte es financiado indirectamente.
El gasto en la construcción y mantenimiento de las calles y carreteras, los
perjuicios a largo plazo causados por la contaminación, la enfermedad y los
efectos sobre el carácter individual y social no suelen reflejarse en las
contabilidades al uso, pero su influjo se observa en las personas y en las
comunidades.
Algunos de los efectos
perniciosos que tiene el aumento del tráfico urbano para los individuos son
bien conocidos. Por ejemplo, hoy sabemos que el efecto producido por el aumento
del ruido en la ciudad de Valencia se traduce en múltiples problemas de salud, como la pérdida de audición y los
relacionados con las situaciones de estrés continuado o los trastornos del sueño.
7. En tanto que el barrio de El
Cabanyal -Canyamelar constituye una unidad articulada que funciona con notable
autonomía, como una microsociedad dentro del conjunto metropolitano, como
microurbe dentro de la macrourbe, ha ido configurando sus propias vinculaciones
sociales a lo largo de un dilatado periodo de la historia reciente. Por ello, en
el Cabanayal-Canayamelar siguen desarrollándose ciertas prácticas urbanas tradicionales. El barrio mantiene y
preserva ciertos modos de vida que sólo son posibles cuando el entorno ofrece
estas posibilidades.
Su fragmentación significaría
una seria amenaza para la vitalidad que caracteriza al Cabanyal-Canyamelar y de
la que depende el bienestar de sus habitantes. El coste social de una intervención
como la propuesta en el PEPRI atentaría contra el valor urbanístico del
barrio, y de la ciudad de Valencia, y contra su patrimonio arquitectónico
puesto que destruiría parte de la riqueza
y diversidad sociales sobre los que se sustentan los valores urbanísticos y
patrimoniales.
8. Por tanto, podemos afirmar
que, de llevarse adelante el plan aprobado, se producirán las consecuencias
expuestas, predecibles desde un criterio objetivo, dado el actual estado de la
ciencia social, y que se resumen como sigue:
a. Las relaciones sociales
internas, entre los habitantes actuales sufrirán un deterioro progresivo que, de no darse circunstancias
imprevisibles, llevará a su ruptura y sustitución por otro tipo de conexiones
más mecánicas y precarias. La situación futura de la población más
desfavorecida será sin duda la
desintegración social.
b. La relación entre el barrio
y el resto de la ciudad también sufrirá un cambio. Si bien hoy el barrio del
Cabanyal-Canyamelar es relativamente autónomo y funciona como una totalidad
organizada alrededor de su propio centro, la propuesta del Ayuntamiento
trastocará este equilibrio hacia la
paulatina desestructuración y dependencia ‘periférica’.
c. Esta pérdida de sus características
históricas alterará también la relación entre la ciudad y su entorno.
No sólo se empeorará la sostenibilidad medioambiental sino que, desde la
perspectiva de los cálculos al uso, un hábitat
"vivo" es más económico, puesto que se sostiene por sí mismo y
no requiere la continuada intervención de las Administraciones Públicas para
evitar su deterioro.
9. En definitiva, consideramos
que, de llevarse a término la intervención aprobada por el gobierno municipal,
es previsible una degradación paulatina del tejido social del conjunto
Cabanyal-Canyamelar. Este tipo de
procesos son irreversibles. No es esperable que se produzca ninguna
regeneración espontánea, en especial en los trazados urbanos ordenados
siguiendo criterios de rentabilidad inmobiliaria, como el del plan analizado. El coste social que originará es inconmensurable en términos
monetarios.
La consideración del conjunto
de El Cabanyal-Canyamelar como Bien de Interés Cultural declarado por el
Gobierno Valenciano con fecha 3 de Mayo de 1993.
La protección que, para este
tipo de bienes, establece la ley 4/1998 de 11 de junio del patrimonio cultural
valenciano.
Las acciones previstas en los
artículos 45, 55 y 57 de esta Ley.
Los objetivos explícitos de
revitalización social establecidos por el propio plan.
El artículo 46 de la Constitución
Española, que establece el deber de los poderes públicos de garantizar la
conservación y enriquecimiento del patrimonio histórico, cultural y artístico.
Los principios 1º y 2º de la
Carta Europea del Patrimonio Arquitectónico, suscrita por el Estado Español en
Amsterdam, en Octubre de 1975, que ordenan la conservación de la diversidad
cultural y el entorno heredado, así como el patrimonio arquitectónico
necesario para el equilibrio y la calidad de vida humanos.
Fdo: Pura Duart.
Profesora titular del Departamento de Sociología y Antropología Social de la Universitat de València