INFORME
SOBRE EL PLAN ESPECIAL DE PROTECCIÓN Y REFORMA INTERIOR DEL CABANYAL-CANYAMELAR
Y CAP DE FRANÇA
Mª
Rosa Soldevilla Liaño, Profesora de Historia de la Arquitectura Contemporánea
de la Escuela de Artes de Valencia.
En la fuerte polémica ciudadana que actualmente se
está desarrollando en Valencia en torno a la posible prolongación de la
avenida de Blasco Ibáñez hasta el mar, la discusión, hasta el momento, se
centra en dos posturas antagónicas: la que defienden los que ven la oportunidad
de concluir un proyecto que consideran “simbólico” desde el siglo pasado,
el Paseo de Valencia al Mar, y la que defienden aquellos que rechazan esta
posible prolongación; ya que su realización parte en dos el barrio del
Cabanyal y consideran que Valencia está perfectamente conectada con el mar
mediante el disfrute de las edificaciones modernistas que configuran la trama
protegida de sus históricos poblados marítimos.
La dificultad de acercamiento de ambas posturas parte, sin duda, del
opuesto lugar desde el que se generan. Mientras los defensores de la prolongación
de la avenida ven la ciudad desde el centro a la periferia y parten de lo 'moderno-unificador-estructurante'
como única posibilidad de 'progreso', los defensores de la 'no prolongación y
la rehabilitación de todo el conjunto protegido', buscan desde las periferias
peculiaridades diferenciadoras de la ciudad de Valencia y tratan de demostrar su
vigencia para resolver los problemas actuales de la ciudad, respetando su
historia, como la alternativa de desarrollo sostenible.
Pero hasta el momento, en esta discusión, no se ha alzado ninguna voz en
defensa del otro implicado: el Paseo de Blasco Ibáñez. Es éste uno de los
proyectos más ambiciosos de la clase dirigente valenciana del siglo XIX, el
cual se quiere convertir mediante el Plan Especial de Protección y Reforma
Interior del Cabanyal-Canyamelar y Cap de França, en una autovía urbana cuya
conclusión sería una rotonda para canalizar el tráfico rodado.
Este informe, de carácter histórico, pretende demostrar que:
·
El
Paseo de Blasco Ibáñez nunca fue proyectado con la intención de que llegara
hasta la costa, sino como un paseo de Valencia a Poble Nou del Mar, municipio
independiente que albergaba los barrios del Cabanyal-Canyamelar y Cap de França.
·
El
ideal colectivo de “la ciudad de Valencia llegando al mar”, imaginario que
los defensores de su prolongación consideran como irrenunciable, procede de la
época del desarrollismo español, periodo que no se caracteriza precisamente
por su sensibilidad y respeto a los valores del patrimonio sino, más bien, se
caracteriza por haber realizado las intervenciones más destructoras de la
ciudad y su litoral.
·
La
oportunidad actual que ofrecería la realización de un Plan Especial de
Protección y Reforma Interior del Cabanyal-Canyamelar y Cap de França desde
criterios urbanísticos actuales, no sólo para la conservación real del
barrio, sino también para concluir uno de los proyectos más ambiciosos de esta
ciudad, configurando el Paseo de Blasco Ibáñez como un bulevar-salón.
En 1901 el escritor y político
valenciano Vicente Blasco Ibáñez, al referirse al Paseo que hoy lleva su
nombre escribía: “... es conveniente
llevar a cabo el proyecto del boulevard desde el antiguo jardín del Real a los
Poblados Marítimos"
El bulevar que reclama el escritor es un espacio urbano característico
del inicio del crecimiento de las ciudades en el siglo XIX, el mismo siglo en
que se inicia el Paseo de Blasco Ibáñez. Por tanto, para comprender la
oportunidad e importancia de este proyecto hay que situarlo en su momento histórico,
el siglo XIX; el siglo en el que las ciudades rompen con sus límites medievales
y, por primera vez en su historia, necesitan de una rápida transformación.
Lógicamente éste será también el momento en el que la disciplina
urbanística se experimente como garantía de control y racional planificación
del crecimiento urbano.
El origen del actual Paseo de Blasco Ibáñez es el proyecto urbanístico
de Casimiro Meseguer aprobado en 1883. El proyecto, coherente con las propuestas
urbanísticas más innovadoras de su tiempo, propone la apertura de un gran
bulevar que acerque la ciudad al mar, desde los Jardines del Real, hasta el límite
municipal con Poble Nou del Mar.
El bulevar es un espacio
ciudadano que se caracteriza por tener una paritaria concepción entre las
exigencias del peatón y el tráfico rodado. Para ello, mientras éste último
se canaliza por los bordes, se dedica una generosa parte central para el paseo y
el disfrute de los ciudadanos. Según esta nueva traza urbana, el proyecto de
Meseguer propone una gran calle arbolada de cien metros, con una mediana central
de sesenta metros. Su realización pretende atender a las siguientes carencias
urbanas de la ciudad de Valencia:
·
En
primer lugar, como les había sucedido a muchas otras ciudades atravesadas por
un río, éste se había convertido en una barrera que frenaba el crecimiento de
la ciudad. El proyecto de Meseguer pretende acabar con esta barrera haciendo más
atractiva la ribera izquierda.
·
Al
igual que en muchas ciudades en esta época, Valencia recibe un gran contingente
humano que abandona la precaria vida rural y busca su oportunidad en la ciudad.
El proyecto intenta paliar la escasa oferta de vivienda de la ciudad.
·
Y, por
último, esta ambiciosa propuesta urbanística intenta resolver las escasas
conexiones de la ciudad con los Poblados Marítimos; situación que se había
puesto en evidencia debido al cada vez más importante tráfico de mercancías
desarrollado por el puerto de Valencia. Este tránsito de mercancías por la
Avenida del Puerto, hacía cada vez más necesaria la apertura de otra nueva vía
más amable y urbana que acogiera el recorrido de los veraneantes hacia el lugar
de baño de moda entre la burguesía valenciana.
Como
muchas ciudades mediterráneas, Valencia se funda separada unos kilómetros de
la costa por múltiple y pragmáticas razones. Cerca del mar, a la sombra de un
incipiente puerto, se funda en el siglo XIII el poblado de Vilanova del Mar.
Este primitivo núcleo urbano crecerá por el norte formando manzanas alargadas
y paralelas al mar que constituyen los actuales barrios de Cabanyal-Canyamelar-
Cap de França. Estos núcleos de población, agrupados en el municipio de Poble
Nou del Mar, serán independientes hasta que, en 1897, son incorporados a la
ciudad de Valencia.
Este dato es importante porque confirma, junto a las declaraciones
anteriormente citadas de Blasco Ibáñez y el plano de la ciudad de Valencia
realizado por el arquitecto Cortina en 1899, donde aparece grafiado Paseo de
Valencia al Cabanyal (barrio ya de Valencia), que el proyecto de Casimiro
Meseguer no pretendió nunca llegar al límite de la costa sino, unir la ciudad
de Valencia con los Poblados Marítimos (en 1883 términos municipales
independientes).
El proyecto de Meseguer para el Paseo de Valencia al Mar o el Paseo de
Valencia al Cabanyal, pues por ambas denominaciones es citado en la época,
propone exclusivamente la apertura de una gran calle, en forma de bulevar que,
partiendo de los Jardines del Real, una la ciudad con los Poblados Marítimos
asentados en el litoral. Proyecto pues que, si nos atenemos a fidelidades de
tipo histórico, ya ha llegado a su final.
Ahora bien, decir que ha llegado a su final no quiere decir que esté
concluido, realidad evidente que se percibe en el actual enfrentamiento entre el
Paseo y el barrio del Cabanyal.
El motivo de este radical enfrentamiento entre la traza del Paseo y la
trama urbana del Cabanyal no es sino la formalización urbanística de las dos
antagónicas posturas mantenidas en este debate, dilema que se recoge, con toda
claridad, en la Memoria Justificativa del Plan General de Ordenación Urbana de
1988, hoy todavía en vigor: “En
definitiva podría resumirse así el dilema: debemos optar entre mantener una
traza urbana de casi un siglo de existencia, el proyecto urbano de ilusión
colectiva de más larga vida de la ciudad, o la integridad de un barrio, en su
mayor parte de la misma o menor antigüedad, con una fuerte personalidad.”
Mi pregunta es: ¿hoy en día
tiene sentido este dilema? Con las actuales técnicas de urbanismo integrador,
¿no es capaz Valencia de satisfacer su ilusión sin desintegrar sus señas de
identidad? El Plan de Protección de Cabanyal-Canyamelar y Cap de França no
puede ser un proyecto que, además de destrozar el barrio que pretende proteger,
destroce también uno de los proyectos urbanísticos de mejor calidad ambiental
de esta ciudad, convirtiéndolo en una vía de tráfico rápido. Aceptar su
prolongación sobre los Poblados Marítimos, además de falsear la historia, es
reconocer con su nuevo trazado mezquino y vergonzante, la incapacidad de esta
ciudad para concluir con dignidad y donde debe, uno de sus más ambiciosos
proyectos urbanos.
Muy significativamente, la prolongación del Paseo de Blasco Ibáñez
sobre los Poblados Marítimos sólo ha estado aprobada en el Plan General de
Valencia durante los años que van de 1975 a 1982 y por tanto, es de esta época
desarrollista de donde procede el imaginario de “la ciudad llegando al mar”.
En esta época, 1975, se produce precisamente el primer atentado a la idea
defendida por Blasco Ibánez: la primera prolongación del Paseo, la que va
desde la avenida de Cataluña hasta la de Manuel Candela, sufre un cambio
radical en su sección debido a la prioridad que se otorga al tráfico rodado
que accede a él desde la carretera de Barcelona. Por ello, se elimina el
bulevar central perdiendo así su condición de Paseo y convirtiéndose en una vía
rápida de tráfico (elocuente muestra de la degradación que se produce cuando,
como en la actualidad, las preocupación prioritaria de la Administración Local
es el tráfico rodado). Este tramo del Paseo de Blasco Ibáñez, para el que se
solicita una intervención que adecue su trazado al conjunto, deja así de ser
una alternativa para la creación de un espacio urbano más amable y urbanizado.
Y no olvidemos que éste era el objetivo al que aspiraba la sociedad valenciana
del siglo XIX cuando se inició el proyecto: que los ciudadanos llegaran a la
playa por un espacio amable y urbano. Y éste debe ser también el objetivo a
conseguir en el siglo XXI.
Los defensores de su prolongación, bajo el simbólico nombre de Paseo de
Valencia al Mar, quieren convertir el fantástico bulevar-salón de Blasco Ibáñez
en una autovía urbana, siguiendo políticas propias del más denostado
desarrollismo urbanístico.
¿Cuánto dudará el jardín central donde juegan los niños y los
ciudadanos pasean y hacen deporte?. Si ya en la actualidad hay tramos
congestionados ¿qué pasará cuando al tráfico actual se una el tráfico atraído
por la expectativa de llegar más rápido a la playa?. Sobre todo sabiendo que
el Plan General de Valencia establece que las zonas ajardinadas de los ejes
viarios no son vinculantes, es decir que pueden ser reducidas según las
necesidades del tráfico.
En definitiva el dilema que plantea el Plan General de Valencia no es tal
dilema en la actualidad, ya que las nuevas tendencias urbanísticas apuestan por
la convivencia e integración de las diferentes tramas urbanas de la ciudad, tal
como años después, en 1998, reconoce la Ley de Patrimonio Cultural Valenciano,
que protege el trazado urbano del Cabanyal, declarado Bien de Interés Cultural
en 1993.
Un Plan Especial de Protección del Cabanyal-Canyamelar y Cap de França
debe servir:
·
Evidentemente,
para proteger realmente y potenciar el trazado urbano y las características
propias del Cabanyal-Canyamelar.
·
Pero,
además, puede proteger el proyecto del siglo XIX de un bulevar-salón para
disfrute y acercamiento de los ciudadanos al mar, procurando su digno final y
resolviendo su conexión con los barrios que conforman la fachada marítima de
Valencia.
Este Informe
se emite en Valencia, a 24 de febrero de 2001
María Rosa Soldevilla Liaño